El futuro fue ayer

Es claro que el concepto de «futuro» del siglo XX se ha vuelto obsoleto en estos primeros instantes del siglo XXI ya que los avances de la tecnología nos han depositado en el futuro mismo. En consecuencia, ahora podemos decir sin miedos: hoy es el futuro.

También podemos decir que Uruguay, al menos en materia de tecnologías de la comunicación, se encuentra en el futuro. Movicom/Bell South a inaugurado la «Internet Móvil», esto implica la posibilidad de navegar a través de la red de redes utilizando simplemente un teléfono celular.

Después de muchas idas y venidas, la televisión satelital se instaló definitivamente y ANTEL brindará un nuevo servicio a los usuarios que será la conexión a Internet vía la televisión misma. En un futuro cercano -yo diría en un golpe de ojo- el teléfono y el computador se encontrarán en un solo objeto portátil.

Recientemente, en una entrevista publicada en la revista Posdata, el ingeniero Omar de León (asesor de Proyectos Especiales de ANTEL) dijo que «hay que tener claro que el computador personal (PC) desaparece». Por lo tanto podemos nuevamente afirmar: hoy es el futuro.

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Salir del cine, según Barthes*

El ensueño crepuscular.

«Todo sucede como si, incluso antes de entrar en la sala, ya estuvieran reunidas las condiciones clásicas de la hipnosis: vacío, desocupación, desuso; no se sueña ante la película y a causa de ella; sin saberlo, se está soñando antes de ser espectador. Hay una «situación de cine», y esta situación es pre-hipnótica. Utilizando una autentica metonimia, podemos decir que la oscuridad de la sala está prefigurada por el «ensueño crepuscular» (que según Breuer-Freud), precede a la hipnosis, ensueño que precede a esa oscuridad y conduce al individuo, de calle en calle, de cartel en cartel, hasta que éste se sumerge finalmente en un cubo oscuro, anónimo, indiferente, en el que se producirá ese festival de los efectos que llamamos una película…»

¿Y la televisión?

«Evoquemos la experiencia contraría: en la televisión, aunque también pasan películas, no hay fascinación; la oscuridad está eliminada, rechazado el anonimato; el espacio es familiar, articulado (por muebles y objetos conocidos), domesticado: el erotismo (digamos mejor la erotización del lugar, para que se comprenda lo que tiene de ligero, de inacabado) ha sido anulado: la televisión nos condena a la familia, al convertirse en el instrumento del hogar…»

Una frase:

«Es como si un largo tallo de luz recortara un agujero de cerradura y todos estuviéramos, estupefactos, mirando por ese agujero.»

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* Roland Barthes (1975). Lo obvio y lo obtuso (imágenes, gestos, voces).

El sindrome de la ansiedad

Hace poco tiempo me encontraba a las 11:30 de la noche en la parada del ómnibus. Salía de la facultad extenuado. Clase de epistemología. Imagínense. Obviamente, lo psicocósmico acompañaba. Hacía mucho frío. La calle Ramón Anador se encontraba completamente vacía. Huérfana. En esos momentos de desesperación y soledad -que fomentan la espera de un ómnibus a esas horas de la noche-, uno comienza a experimentar cierta introspección existencialista. Filosofamos realmente.

Es ahí cuando se manifiesta la patología de estos tiempos. La ansiedad de lo inmediato: la desesperación del 145 es similar a la espera del 104. Ómnibuses kafkeanos por excelencia, que se pierden en la burocracia de las calles ambiguas de Montevideo. Esa ansiedad nos carcome. «No se lo que quiero, pero lo quiero ya», cantaba Luca Prodan. La ansiedad del tiempo real. La ansiedad on-line que nos hace sentirnos orgullosos. Ese estado de sentirse desarrollado, sin serlo.

Esa misma noche, me encontré con unos amigos en un boliche cerca de la Facultad de Arquitectura. Obviamente, whisky va, whisky viene, comenzamos a reflexionar sobre misceláneas cotidianas. Comentarios tan disímiles como, por ejemplo: el partido de Uruguay y Brasil en el Maracaná, lo rica que estaba la pizza con muzarella, el parcial que se venía de semiótica y otras temas que prefiero no recordar.

Y mientras conversábamos, por un momento me evadí de la discusión. Me quedé conversando conmigo mismo. Nuevamente surgió la ansiedad. Esa ansiedad inconsciente, que me hace querer adelantarme a lo que dice el otro. A que se anulen los espacios de locución. Las pausas, las risas, los fursios. Adelantarme a los pensamientos.

¿La instantaneidad del tiempo real? No lo sé. Quizá sea tiempo para que me dedique a la parapsicología.

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En respuesta a los comentarios que ha generado este artículo, para ilustrar y orientar sobre el tema, debajo incluimos algunos vídeos de YouTube. De todos modos, esta es una condición médica común en nuestros días, y no debe dejarse de consultar a los profesionales en la materia.

Cortometraje documental «la ansiedad»:

Programa de TV de Andalucía sobre la ansiedad (parte 1 de 3):

Programa de TV de Andalucía sobre la ansiedad (parte 2 de 3):

Programa de TV de Andalucía sobre la ansiedad (parte 3 de 3):

Recomendaciones para controlar la ansiedad (parte 1 de 2):

Recomendaciones para controlar la ansiedad (parte 2 de 2):

Mi guerra en silencio (documental sobre la ansiedad):